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Promesas, promesas

Difícilmente

El arrendatario incurrió en un grave error al no exigir por escrito una cláusula contractual en la que se estableciera que el arrendador le abonaría los gastos por las obras de mejora. Si esta omisión ya fue un error por parte del arrendatario, mayor fue el error de firmar una cláusula que establecía que todas las obras o reformas que realizara el arrendatario quedarían en beneficio de la finca, pues claramente se puede entender que esta cláusula afirma  justamente todo lo contrario a lo que de palabra habían pactado las partes respecto a las mejoras del local. Ambos errores supondrían en caso de juicio un obstáculo prácticamente insalvable para el arrendatario.

¡Atención! Perder en juicio acarrearía además la condena en costas para el arrendatario.

El pacto verbal no tiene ninguna virtualidad contra la firma posterior de un contrato que contiene una cláusula contraria al pacto.

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